lunes, 28 de marzo de 2011

VIDA


Cuando la muerte ronda por el ambiente, la sientes, la hueles, la puedes tocar, y en algunos casos hasta se deja ver. La muerte se esconde a lo largo de la vida, a veces aparece lentamente, y otras te sorprende. La muerte es la novia de la soledad, amiga del frío, y familiar del abismo. La muerte es el final que tantos tachan de ambiguo, que ninguno entiende en su juventud, y que nadie quiere mencionar no vaya a ser que la tome con ellos.

La muerte siempre vive en el recuerdo, te acompaña en cada sueño de noche cuando yaces en la cama, reflejando tus pensamientos en la oscuridad donde se camufla de manera hábil. La muerte es enemiga de la justicia universal, no guarda ningún respeto por nadie ni entiende de prioridades. La muerte, la primera zorra del mundo existente, es anterior incluso a la vida, es caprichosa cuando se le antoja y arrebatadora como la que más.

La muerte es el fin, la última despedida del hombre, demasiado respetada por ellos, visionada como algo antinatural, extraña para los ojos del que no la ha sentido. La muerte es irracional e incoherente, sorpresa para el que no la espera. Es poco comprensiva pues no atiende a edades. La muerte es la mejor aliada de la guerra, de los tiempos en cólera, e incluso del estado más banal.

La muerte convertida en saco, en polvo, en viento, en energía cargada, en ilusiones rotas, en personas afligidas... La muerte es buscada en las desesperaciones, en las miserias... muerte convertida en suicidio, en atracción fatal, en el morbo hacia la pieles morenas y el pelo negro.

La muerte convertida en aquella mujer indecente de la que nunca querrías escuchar un sí, esa fémina prohibida para los mortales, esa que nadie quiere ni se atreve a conquistar. Es una seductora para los vivos, madre de la historia, cazadora de sueños y atrapadora de hombres.

La muerte como condena y redención, como castigo y expiación, como sufrimiento y salvación. En el estado aletargado se encuentra presente, así como en los días lluviosos. En las estrellas rutilantes de verano, donde deja constancia de su afán de protagonismo omnipresente. En las tardes de primavera, donde las flores la aguardan en forma de belleza.

La muerte como el mayor de los suspenses del raciocinio humano, donde muchos tienen el consuelo de no atemorizarse por una fe posterior. Muertes que nunca serán suficientes para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas. Muerte como la quimera a la vida, aclamada en forma de voz negra.

Muerte como vecina de al lado a la que observar por la ventana. Muerte como sueño y olvido, como la pérdida de costumbre a vivir, como la primera que elimina el sentido de un ser, como conciencia al asumir la soledad, como el encierre en un habitáculo, como pasear acompañado, como pasión desenfrenada, como coger una mano, como dar un beso, como sentirte amado...

lunes, 21 de marzo de 2011

¿CUÁNDO?

Se despertó aquella mañana bien temprano, el sol aún no había hecho acto de presencia, pero un impulso atronador le sobresaltó y de forma activa se incorporó. Rápidamente fue al baño, se miró al espejo, la imagen era desafiante como si emulara a Clint Eastwood en un western, esbozando una sonrisa pícara, y asintiendo con su mirada que había llegado el día. Mientras se duchaba escuchaba una de tantas que a él le encantaba canturrear, un poco de rock acorde al éxtasis que esa mañana se respiraba en aquella casa. Se arregló cuidadosamente aunque sin pausa que lo entretuviese, todos los detalles estaban previamente analizados, el error no tenía cabida en aquel momento.

Tocaba salir ya, la marcha debía ser emprendida, él no solía desayunar más que un rápido café solo. Arrastraba una maleta antigua cuyas ruedas estaban desgastadas del roce, dicho petate había sido maldecido en mil y una ocasiones, pero casualmente ese día no recibió improperio alguno. La mañana era clara, y se auguraba un día primaveral de esos que habitan en el recuerdo, más si una buena compañía acompaña su tarde. En su recuerdo se sucedían las melodías, le encantaba tatarear bandas sonoras de sus películas predilectas (El Golpe, Sin Perdón, Amelie…) y así iba transcurriendo por las calles de aquella ciudad extranjera que le había hospedado durante largos meses de inviernos. Era capaz de saludar cordialmente a todo el que se le cruzase, no hacía falta articular palabra alguna, un gesto, o una mirada de complicidad era suficiente, lo cual no era nada asiduo porque era un chico bastante reservado para esos aspectos y tanto jolgorio. El viaje se acercaba, no obstante su final era obtuso, y aunque se intuyera extenso no pensaba en ello, no importaba, la verdad.

¿Pero qué? Si en su pulso ya notaba su latido atronador… parece que sí, era el día, parecía que nunca volvería, y aunque parecía que venía, y al mirar a lo lejos parecía, y por esa esperanza la esperamos. Qué será de él cuando al fin se manifieste, se preguntaba. Tiempo de expectación transcurría entre pregunta y otra, las manos se humedecían constantemente, y la pierna no paraba de agitársele, no sabía estar quieto, no se lo pidas en ese instante. Las colillas se incrementaban en el cenicero de su lado. Y estrene ese vestido celeste, se contestaba. Se imaginaba esa nariz chata por si corría alguna duda que indicara olvido, su mirada llorosa y agachaba el día de la despedida acompañada de una sonrisa ahogada por la desolación… comenzaba la espera. Miedo a los relojes, el desconcierto era en ese momento su mejor aliado.

Ellos juntos parecían dos chiquillos que te transportaban a un mundo lleno de vida abandonando la nostalgia de aquellas noches solitarias de camas frías. Y nunca fueron muy empalagosos en su quehaceres, simplemente se respiraba complicidad en todo momento, incluso cuando entraban en terrenos más pantanosos donde las idas de chola eran la principal baza de una erupción volcánica que siempre les abanderó. Pero él sabía que dichas riñas habían sido necesarias, esas telefónicas que le dejaron tantas noches largas de insomnio como castigo, noches eternas donde él se hizo inmortal mirando a través del cristal de la nostalgia y el olvido, esperando una llamada o un mensaje de reconciliación que nunca llegaba. Una tortura duradera que no cesaba hasta el cruce de palabras, y él la esperaba hasta el día siguiente, tirando de orgullo se impacientaba mientras que el saludo típico diario no llegara. Un saber cómo te ha ido le bastaba para olvidar, unas risas con ella y volverían a ser los mismos, despreocupándose de lo ocurrido.

La maldita obcecación había hecho peligrar eso, las inseguridades y desconfianzas propias de dos personas que no se tienen, que a veces se tratan de desconocidos sin recordar todo lo vivido. Y siempre ganaban las ventajas, porque así se sentía mejor persona, porque de tal manera exprimía lo bueno que en él quedó alguna vez, y por saber que alguien se entregará por ti, que alguien ha aprendido a quererte por lo que eres y no por lo que pareces, y te esperará a tu regreso. ¿Cómo no me va a merecer la pena todo esto? Se preguntó conociendo de sobra su respuesta.

Con todo ello se dispone a llegar al lugar acordado, el tiempo por su ciudad parecía no haber pasado, todo andaba igual de la forma que tanto le encantaba. Respirar de nuevo ese aire le revitalizó, los nervios se incrementaban por cada segundo que pasaba, y los pasos eran cada vez más largos. Las ruedas de aquella vieja maleta habían cedido totalmente, decían basta, por eso la llevaba a pulso, y en tantos viajes que le acompañó… Él la miraba de camino y pensaba “espero no volver a utilizarte más, amiga mía”

Al presentarse el ansiado momento no ve nadie que le importe, ¿no querrá verle en realidad? Se impacienta a su modo, y se cuestiona, parece que está todo y algo falta, ¿qué de alegría tiene el reencuentro? cuando una voz le sobresalta, él se gira completamente y la visiona allí a unos pocos metros. Ella con mirada tímida, sonríe.


martes, 8 de marzo de 2011

SIN PERDÓN





Escucha bien lo que te digo, no te vayas a quedar muy rezagado, no volverás a verme presente, así que levántate si estás postrado. Que la vida se te ha ido, por tu lado he pasado y ni siquiera has rendido cuentas. No me vengas con rollos que ya no es momento, escoge tu labor acá que será permanente. Deja los lamentos, no me seas más pringado, afróntalo como el cabrón que has sido. Dónde queda tu orgullo, dónde está ese hombre que tanto admiré desde este viejo rincón, llegué a pensar que de hecho querías venir a visitarme, y por supuesto quedarte. Y ahora me dedicas este momento bochornoso, una imagen dantesca. Qué te han prometido, qué te regalaron en tus clases antañas de colegio. Esto va de la siguiente manera, y si no me quieres escuchar te lo explicaré igual, aunque como ya dije, sólo será por una vez.

Escúchame mi amigo, estás en un constante bucle sin final, deberás acogerte a la vida inmortal, tendrás la sensación de fallecer en cada instante pero nunca caerá tu alma más de lo que ya lo ha hecho; mantente alerta, no sucumbas a la indiferencia ni te resguardes en las sombras del ostracismo. No sentirás más que la angustia personificada que “moi” te quiera imponer; no corretees por mis pasillos, y ¡ojo! con mis preciados bienes, patrimonio de una larga lista de santos. No oses a mirarme a los ojos desde ya.


Y así has ido siguiendo tu camino, bajo esa capa de hombría, sabelotodo y petulante, presumiendo de ello cuando tú sabes que tu mayor pecado es la santurronería. No te ha tocado ser un sabedor, jugaste mal tu rol. La cobardía es tu mayor espanto, ¿dónde queda la pasión desenfrenada y los besos inesperados? Los pasos nada atrevidos, mezquinos, y tu mejor compañera, la soledad, ahora eterna. ¿Dónde quedan aquellas tardes veraniegas acompañado? Tu virtud era pusilánime, comportamientos amilanados que después se rompían en tu cabeza, destrozando la poca humanidad sensible que en ti existió, arrepintiéndote de no aprovechar tus instantes, y visionando como otro te sustituía porque la espera no existe en la vida terrenal. Más directas y ayudas no pude enviarte, tiempo y momentos tuviste para corregir tus incoherencias. ¿Dónde quedan aquellas peticiones y propuestas? Y todo por ser el más cortés y divino de los señoritos, ¿y tú qué te creías? ¿Fred Astaire?

Aún recuerdo tu mirada sincera, una de tantas, esa vez donde el tiempo no parece avanzar, tu aliento se congela, y la miras de perfil, contemplando aquel presente convertido en recuerdo de ese mismo instante, y lo insano de tu ser te acongoja. Aún recuerdas el primer aroma suyo en el primer día donde tuvo lugar el cruce casi de casualidad, mira que… Tan sólo te toca y ya tiemblas por dentro, claro está, no se te nota, te haces el indiferente y no respondes al roce amistoso o a la simpatía regalada, te refugias en tus desplantes llenos de arrogancia, así una y otra vez. Te pasó en varios momentos de tu vida no siempre con la misma persona, pero es que ahora me viene aquel reciente.


Ya no sufras más, acá no tendrás que fingir, lo cual no significa que te vaya a dar la oportunidad, esa ya pasó en incontables ocasiones ante tus ojos. Relájate, no te diré que disfrutes porque te mentiría. Si te apetece derramar tus últimas lágrimas de mortal hazlo ahora, más vale tarde… ¿no lo dicen?

Muere ahora con el verdadero insomnio, con las ocasiones rechazadas, con lo pedante de tus palabras poco amigas de la juventud, con tu no saber querer ni tan siquiera la voluntad a intentarlo, con tu oposición a las banalidades que te rodean, con no seguir el curso natural hecho para vosotros, con no saber aprovechar una vida, y con tu desgracia inmunda…


“Espero que descubras esa amistad, que es darte y entregarte a algo especial, es ver feliz al que te espera, y hace que valga la pena superar adversidades. Pero descubres que esa amistad es enseñar de otra manera, pregonando sólo tus verdades. Y descubres la mirada de la que a cambio de nada se hace presa de tu palabra… vibras viendo que tu enamorada se impacienta emocionada por oír tu nueva obra. Yo nunca tuve la suerte de que esa amistad me arropara, y aunque ahora me parezca diferente, presume y valora simplemente tu suerte.”

“Moi” mientras te vigilará de cerca, y seguirá envidiando no poder ser tú y remediar aquel momento mágico que ambos recordamos. Despierta.



"De tanto como ta han dicho que soy el demonio, me he convertido de pronto en el Príncipe del Mal, y me he vestido de fiesta para llamar a tu puerta por carnaval."


sábado, 26 de febrero de 2011

De claqueta en claqueta.



Ni pienses que voy dejar pasar la ocasión de comentar el mejor cine de este último año pasado 2010, claro que como el afamado Jack, lo haremos por partes. Sin tener mucho en cuenta la pasada gala de los Globos de oro, y la aún más cercana nominación a los Oscar, lo haré únicamente desde la perspectiva de este cinéfilo simplón. Llega la época que tanto nos mola para el séptimo arte, y no sólo por la entrega de unos premios otorgados a la ligera e interés, sino a la cantidad de competencia surgida en el mes del cine por antonomasia.

Y empezaremos como se debe, por el origen, no haremos ningún tipo de salto en la gramática acordada, ni tampoco voy a haceros una incepción en vuestras lúcidas mentes.

Nolan muestra una vez lo fácil que es provocar el funcionamiento de las neuronas, incluso en la juventud pasiva. No he visto tantas cabezas pensantes y entregadas a tal causa como aquella vez una vez terminado el filme en la misma sala. Y claro, todo está más claro cuando un colega va y te dice "oye, por qué la furgoneta tarda tanto en caer al agua" Entonces tienes que ir a socorrerlo, y digas lo que le digas te va a creer, puesto que el chaval no se ha enterado de nada. Muchas teorías, unas claras y otras menos, aunque por ello no menos ciertas. La verdad que el largo da cabida a un sin fin de finales (vivan las redundancias) En mi opiniónnn, como diría el protagonista Boris de "Si la cosa funciona" interpretado por el carismático Larry David, Inception es un filme que no requiere comprensión, no hace falta ni la tiene. No compone una serie de lazos que debes resolver, como sí pasa con el cine de Lynch y de Buñuel. Nolan nos transporta a un mundo contemporáneo del que hay que disfrutar con los cinco sentidos. En el momento en que preguntes un por qué todo se te irá de las manos, y despertarás del sueño inmerso que Dicaprio nos muestra con una suave maestría. La sobre explicación de la que muchos críticos hablan, no es más que un recurso que el director nos aporta para nuestra participación personal en cada uno de sus movimientos. Inception es un truco, maravillosamente ejecutado, que se ve como algo que no tiene igual. Es magia. Es una ilusión, algo que nunca hemos visto: una nueva sensación, la experiencia más superlativa que ha dado el cine comercial en Dios, sí, cuanto tiempo. Es un salto sin red hacia la exploración del ser humano en su forma más pura, es un thriller futurista en el que no falta de nada, cuyo único exceso es su propia ambición. Nolan es un mago, y como tal no quiero que me revele sus secretos.


Continuamos con el señor Dicaprio, que por cierto tiene una cantidad curiosa de proyectos, la mayoría con Martin Scorsese como la consiguiente. Quizás ahora trate el largometraje más incomprendido de estos últimos años, y posiblemente también, una película de las más infravaloradas que he visto recientemente. Os hablo de Shutter Island. De nuevo es llevada a la gran pantalla una novela de Dennis Lehane, del cual no citaré ya sus conocidísmas inspiraciones para algún que otro director. Scorsese nos presenta su película más tramposa, seguramente la mayor lección de cine controvertido y misterioso que nunca le haya visto. Shutter Island es brillante, aterra desde el inicio, aunque no deben confundir esto con una peli de miedo. Desde el primer momento quedas atrapado por el guión, absorvente como pocos vi, y sorprendente a raudales. La atmósfera se va enegreciendo con el paso de los minutos, y tú no das fe a lo que allí está sucediendo. Te retuerces en la butaca, te pica la espalda, y te incomoda tal sensación de locura que poco a poco te va invadiendo. Es un entresijo de falacias que me apasionan, y al que no le guste tal forma de hacer cine, que ni se atreva a visionarla y siga con las hostias que reparte Seagal en sus años mozos. Con unas interpretaciones realmente notables, especialmente por parte de los secundarios (Jackie Earle Haley, Michelle Williams, Ben Kingsley, síiii, el judío de la Lista de Spielberg) y sobrias de Dicaprio y Ruffalo, cuyas conversaciones son de elogiar. Cuidado, Shutter Island te embauca, te engaña… y, al loro... te vuelve loco.

"-Volviendo a lo de tu compañero..."
"-¿Qué compañero?".


Dejaremos atrás el cine de intriga por un momento para embarcarnos en una de animación, no se me despisten ni un pelo.

Se cerró una trilogía, esta vez la visionaría de diferente forma a sus predecesoras, porque como Andy yo también dejé de ser un niño que juega con sus muñecos. ¿Qué nos regalarán esta vez señores de Pixar? Tengan en cuenta que tienen una misión muy complicada, sobre todo después de las recientes Walli-e y Up, será extraño sorprenderme… Qué está pasando aquí, me la han vuelto a pegar, ¿cómo lo consiguen?
Fui a ver la película sin ir acompañado de un menor, daba igual, porque la cuestión en realidad es que era yo al que habían llevado al cine. Y nunca experimenté tanta vinculación semejante. Contemplé como los personajes habían madurado a la par que yo. Hacía tanto tiempo que no nos mirábamos mi querido vaquero, que ya te había dado por imposible, es más, no esperaba que tú y yo nos volviéramos a reencontrar, y menos después de tantos años. Si ya hace esos algunos canturreé esa canción del amigo, y miraba a Buzz como un loco que se creía astronauta de verdad; Más tarde no soporté a Alf, el de los almacenes, y cabalgué con el inquieto Perdigón, deseando que volvieras a casa con ese brazo en su sitio; Ahora, no puedo imaginarme a los guionistas de esta última entrega de otra manera que no sea bajo el titular: “Nunca dejaron de ser niños” Y qué razón tenían. Y como tal, ahora entraron personajes más acordes a nuestra mayor visión: El Oso, El Bebote; El mágico Payaso triste con esa voz tan cautivadora. Unos juguetes inertes estaban atravesando mi bastardo corazón a base de bien, ese final provocó un hervidero en mis ojos a punto de estallar. Lo más curioso de todo esto fue que al finalizar el largo, miré a mí alrededor y no era el único ni mucho menos, aparte de esos niños que fueron con sus padres, por otro lado estábamos esa generación de los 80 y 90 que durante 103 minutos fuimos los más felices del mundo divirtiéndonos con nuestros juguetes.

Ya queda respondida de sobra la pregunta que el filme plantea en un momento clave, “Me pregunto si alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto” Gracias.


Jamás se me hubiera pasado por la chola que este director predilecto sea el responsable de una de las tramas más actuales y desconocidas hasta ahora, sobre todo por el tema que trata. Aquí no hay ambientes de desasosiego ni sombríos, ciudades sin nombres, casos que nunca acaban, malos temporales, y ni tan siquiera aparece Brad Pitt, tampoco algún otro actor consagrado. He de reconocer que la historia no me atraía mucho, será porque no tengo una de esas mentes privilegiadas para entender el ciberespacio. Pero The Social Network va más allá.

David Fincher nos desmiembra el mundo de Facebook, y falta que hacía, la verdad sea dicha, por lo que tomaremos a este filme como necesario. Si hemos percibido muchos largos de este director donde el ambiente emocional sobresale de manera estrepitosa, y fluye de manera incontrolada. Aquí no espera encontrarla, no existe el melodrama. Y me parece toda una osadía situarla en el mismo peldaño que Seven y el Club de la Lucha. No tildo a La Red Social como una obra maestra.
Lo primero que me llama la atención de la historia de Zuckerberg es la gran falta de compañerismo. Parece que la mayoría de esos alumnos de Harvard son una mancha de cabrones sin escrúpulo alguno, capaz de vender a su propia madre si con ello rozan el éxito y la popularidad. Sin embargo no hace falta derretir en exceso su gélida superficie, para intuir que ésta alberga una brutal disección social de los nuevos amos del mundo, ya sea el alumnado de Harvard, o los empresarios estrella de las puntocom, y su implacable amoralidad en el camino al éxito, entendido aquí como reconocimiento global y voluntad de trascender más que como autorrealización. Pero parece que al final ni con esas uno se salva, puesto que la gente sólo recordará al producto y no al creador. Al final serás olvidado. Pero una cosa son los bienes materiales, los aprehensibles obtenidos, y otra lo que se siente cuando lejos del mundanal ruido, incluso desde la cima del éxito, uno se queda sólo, y se percata de que en su camino a la gloria ha dejado atrás la felicidad.
Me sorprendieron los dos protagonistas ex colegas para bien, tienen un futuro asegurado, por lo menos a corto o medio plazo. De Justin no diré nada, bueno sí, que no me mola aunque mejore ostensiblemente su actuación. Y por último comentar que visioné con diferencia la película más rítmica de Fincher, yo soy un amante de su cine de siempre opaco y pausado, pero la verdad que de vez en cuando una modificación radical de tu realizar se agradece (véase a Lynch en Una Historia Verdadera, por ejemplo) Si bien todo ese compás está multiplicado por esa banda sonora magistral y electrónica.


Y cierro esta primera parte de cine con, ¿la mejor?, el "filmaffinity" de Tom Hooper.

Nos transportamos ahora mismo a esa sala amplia, resquebrajada, de colores metalizados, con una pared descolchada y un fondo destartalado, ¿ya saben a dónde vamos? Y es todos deberíamos ir a clase de ese insolente terapeuta y experto del habla que se hace llamar Lionel Logue. Dicen que el guión no es del todo verídico, que muchas anécdotas se extrajeron de los diarios del logopeda aportados por su nieto, pero que otras tantas han sido inventadas. La verdad es que no me importa lo más mínimo, el encantamiento de este film va más allá, y las conversaciones entre Bertie y Lionel a solas son encomiables, grandiosas, sublimes... Es cine.
Los 118 minutos de metraje son ágiles, donde el lenguaje cinematográfico se convierte en una de las grandes virtudes del filme. El mismo metraje destila veracidad, es decir, destila realidad y verdad, consigue atrapar al espectador de una forma casi inesperada. La empatía del espectador y el Duque de York, por otra parte, se hace imprescindible. Esto es, la mirada del espectador sufre, se agobia, ríe y se congracia con un hombre cuyo destino ha querido que sea rey, pero que no deja de ser un hombre. Esas contradicciones entre el envoltorio que persigue a la vida de un miembro de la realeza y él mismo como persona, igual que cualquier otro de su especie, se observan en la película de forma cristalina. Aparte de las actuación inmensa de Colin Firth como Jorge VI, así como las sobrias de Michael Gambon y Guy Pearce, y la encantadora Helena Bonham Carter como Reina Madre, personalmente me quedo con la de Geoffrey Rush en el papel de Lionel, el cual fue la primera cabeza pensante y principal precursor de que este largo saliera a la luz, recuperó esos antiguos diarios del logopeda. Por lo visto, la historia entusiasmaba al actor, cuyo personaje preparó con maestría, y su devoción se percibe en cada una de las escenas en las que aparece, pocas veces visioné tanto amor por un papel, como quien habla del amor al arte.

Cuando la ficción te atrapa y consigue que lo que se mira sea verdad, cuando la ficción se convierte en realidad, una realidad que se esfuma en el momento en que la pantalla funde a negro, se hace el milagro. Es el gran milagro del cine, y en el Discurso del Rey se produce tal hecho.




sábado, 29 de enero de 2011

CATARSIS



Siempre he oído aquella expresión del "año nuevo, vida nueva" Y la he considerado digna de necios, de imbéciles de sobrenombre. Hablo del creer que el cambio en el número de unidad que marca nuestra fecha modificará el rumbo de alguna desgracia acontecida. Aunque si bien nuestros políticos ya están ahí para que dicha expresión vuelva a salir a flote una vez más, y así no perdemos nuestras costumbres, ni nuestra frase hecha.

Una pizca de gracia que entró por orden el día dos de enero. Por obra y gracia divina de nuestros elegidos se prohibió lo que poco años antes se remodeló. Dichosos los que entren en los bares españoles... debieron pensar. Sin embargo, yo sigo viendo muchas lagunas en todo esto. Y lo que preocupa verdaderamente en ese país no tiene nada que ver con el cigarrillo que acompaña la caña, el café, o la copa de turno, ¿verdad? Se elude la incapacidad para provocar alguna mejora en la situación. Situación que, por cierto, tocó fondo hace ya algún tiempo.

Aún sigo quedándome perplejo delante del televisor al ver las noticias diarias, y aún sigo sin comprender por qué se sigue dando cancha a unos incompetentes cada vez más infravalorados a nivel internacional. Pero aparquemos los tópicos por un momento. Qué más da que unos sindicatos comprados se vayan de mariscada cuando se habla de huelga general, eso no tiene la mínima importancia. Y claro, como Gandhi habló de la no violencia, lo mismo le otorgan esos señores otro premio Nobel de la Paz a un cualquiera, como Menchú. Claro, yo lucho para y por el pueblo, pero a la hora de la verdad le dan por la rabadilla, y se la meto doblada de forma apaisada. Perdóneme ex ministra por no acordarme de usted antes, y no haber escrito un/a cualquiera. Fíjese, que ya ni la recuerdo casi, y es que como tiene tantas compañeras, que encima no son ni la mitad de guapa que usted, que se inmolan con su sola presencia delante de una cámara, que...

Y para no perder el hilo... Mire Ángeles, déjese de joder ya, que bastante tenemos. Vamos, que el nota que no quiera gastarse pelas en el cine, ¿no tiene derechos? Y luego por detrás, están todos esos artistas votantes que cobran por la puta cara un impuesto desmedido e injustificado. Qué quieres quitarle al pueblo desgraciado, deje el megavideo, mujer, qué le cuesta, si seguro que usted también recurre al dichoso programa cuando va muy apurada. O a lo mejor le gusta revisar muchas noches las dantescas obras que realizó, lo cual hablar de ellas me producen repentinas nauseas. Y después censuras a tu antojo, y luego sale un compadre tuyo hablando de la época anti democrática, pero la mayoría que no conoce eso, pues comenta lo que vive, y la verdad, chica, que ustedes no nos lo están poniendo nada fácil.

Fuera de tonos que rodean la jocosidad y las ganas horrendas de descojonarme, hay que ponerse más enervado. Y creo que desde el exilio las cosas se ven mucho más acorde con la realidad, cuando vives otro entorno, cuando no estás presente, la objetividad aumenta, compruébenlo si tienen la oportunidad. Aunque si bien, no dejen de tomar precauciones y buscar soluciones, pero quién soy yo para aconsejarles, seguro que cada uno ya lo ha tenido en cuenta, y vive del cómodamente, llevándolo todo para de frente.

Y por aquí vamos vagando, pasándolas canutas, y se tiene la continua premisa y obcecación con los mismos de siempre. Y luego salta uno de entre la multitud y afirma lo típico escuchado, “aquí nunca nadie hace nada” Lo cual no tiene mucho sentido para el menda que no llega a comprenderlo del todo. Y todos nos acordamos de la zorra que nos trajo al mundo en un momento de cabreo, y lo fácil es aclamarlo de una manera u otra. Total, como digo siempre, a quién coño le importa lo que hagas. Siguiendo bien de cerca la corrupción de las altas esferas, el aire podrido de dinero sucio que calla bocas y silencia los pensamientos más brillantes, ¿qué importa de nuevo, si yo salgo de la austeridad? Pues eso…

La sociedad llena de paletos racistas e incompetentes que no miran más allá de sus narices, y una juventud que ni siente ni padece. Y mi vecino de arriba, el cual no aguanto, sigue siendo el mismo “paliza” de todas mis tristes mañanas. Por otro lado, un hombre que va al currelo hastiado de todo, y esperando que el contador de su vida llegue a cero porque ya no tiene ninguna gana. El maromo no se puede mirar al espejo sin encontrarse de frente con la cruda realidad que le muestra su infinita ineficacia y mediocridad. El tipo coge su maletín e intenta pasar sin hacer mucho ruido, dando palos de ciegos, a ver con qué nos encontramos hoy, siendo todo un misterio de malas rachas que nunca pasan. Ay, del cabrón que dijo que siempre vendrían días mejores, o que después de la tempestad…

Encontrando esa obra de arte que purifique al espectador, el método que te llevará a una felicidad tranquila, a un karma sosegado, fuera de las ambigüedades que ello pueda repercutir. Salir de todo bucle que les irrite, el cómo y cuándo, la forma de borrar de nuestras mentes esos rostros preocupados, angustiados al no poder mirarse al espejo. Ante un sin fin de tragedias cotidianas que nadie sabe y llevan a cuestas todos menos los parásitos sociables. Al mentir a tus queridos, al ponerles buena cara y sonreír cuando no hay cosa que te apetezca menos en ese preciso instante. A obviar los errores y abrazar las reducidas ganas que se queden rezagadas por el camino. A soñar con lo imposible, y a querer lo prohibido.

¿DÓNDE COÑO ANDAS? VENTE PRONTO




lunes, 27 de diciembre de 2010

Y qué más da

Que ya no era la “ídola” que había sido para él, menuda decepción. Que no lo podía creer, pero aún así la condenaba a los infiernos. Que el mito se estaba esparciendo como motas de polvo, y su palmarés perdiendo, sin ser tenido en cuenta. La mujer que maravilló a todos los amantes del atletismo pasa del edén al abismo en un día, y seguramente, después de muchas tardes relevantes en su historia y en la nuestra, esta será sin duda alguna la más recordada, y ni siquiera tuvo que ponerse su felpa mágica.


Duro y escabroso es el camino que conduce a la victoria, que al alza te llevan en volandas por los hitos del atletismo. Los aplausos a su llegada se acrecentaban, ella caía bien a los amantes, no importaba nacionalidad, ¿qué más da si era Marta la que hoy corría?

Currante, se fue otorgando un lugar en nuestros corazones. Cuando veíamos esa melena rubia en algún evento de cierta importancia nos paralizábamos. Sentía una adrenalina parecida a la vivida en mi estadio de fútbol, la situación se asemejaba a esos minutos finales donde nuestro equipo de toda la vida se jugaba lo crucial en ese preciso instante. Los alientos y resoplidos ya no eran tan sonoros, y los murmullos se apaciguaban hasta el cese, sólo se espera el estruendo formado por un sonido que marcara el comienzo, y qué comienzo.


Ella de primeras siempre intentaba buscar una posición cómoda que no la apartara mucho de la cabeza, se rumoreaba en el ambiente que era bastante perspicaz para eso. Con el rictus serio y sobrio, como sólo esas personas de Castilla son capaces de poner, iba avanzando sin dar motivo alguno de acongojo para los que deseaban su aclamación final. La distancia no era un problema, pues ella se aclimataba bien a lo que le echaran.

Y ha habido muchos finales, se ganó y se consiguieron logros muy importantes para el atletismo español. Otras veces se subió al segundo o tercer cajón, nadie es perfecto como diría aquel. E incluso hubo decepciones, caídas atroces como la sucedida en los últimos Olímpicos. Ese maldito último obstáculo, Marta. Aún recuerdo como te levantaste, miraste a los tuyos y sonreíste, como si un niño pillo se cae jugando con sus amigos y se quita todo atisbo de ridículo que pueda acontecer en el mismo instante. Luego tu entrevista, seguías risueña, sabías que habría más oportunidades. ¿La edad? Eso para ella era lo de menos.

Hace poco que declaró al salir del juzgado, y no mostró señal de agobio ni de enfado, atendió con esa sonrisa típica en ella, conocida de sobra por todos. Ahora lo mismo está en su casa igual de indignada que yo, preguntándose dónde coño está esa presunción de inocencia no sólo jurídica, sino también moral. Sin querer leer ningún periódico, la mayoría deportivos, que rajan sus enaguas y tiran al agua todos sus logros, como si ella no los mereciera por haber vendido (presuntamente) sustancias ilegales. Ya no eres nuestra “ídola” Marta, te has desfasado a ti misma, no nos interesas, porque prefiero creer lo que dice El Marca, que es tan verídico, a lo que tú aseguras. Qué importa tu primera medalla en el Europeo de Estocolmo en el 96, o tu primer oro en Viena en el 2002… Qué más da que no hace mucho te proclamaras la mejor del mundo… Eso ahora no es relevante para muchos, olvídalo.


Lo mismo la atleta está tan asombrada como “moi” del sensacionalismo que se está creando a costa de su persona, e incluso le repugna, claro que sí. Y si ella afirma que la guardia civil no encontró en su casa esas sustancias, sino que sólo tienen en su poder unas escuchas telefónicas, pero el Marca lo desmiente, ya seguro que hasta le entra sueño, porque la impotencia fue creada para los perdedores y cobardes, y tú no lo eres, Marta. Tú eres capaz de todo, una luchadora, demuéstralo.


Y cuando pasen los años, yo seguiré hablándo al desconocido que me pregunte de ella, al que no la haya visto correr esa felpa de color rojizo claro por las pistas de atletismo; al que no se haya plantado por unos minutos delante del televisor para sentir las pulsaciones a mil por hora; al que de una manera u otra no haya sentido esa sensación de victoria ajena…

Entonces cada uno juzgará, se declare culpable o no, quien fue Marta Domínguez.



lunes, 13 de diciembre de 2010

JE DÉTESTE

Detesto que me despierten; detesto no poder oír el sin fin de melodías que pongo en el móvil como despertador; detesto el día a día; detesto los saludos gratuitos; detesto las situaciones incómodas; detesto ser tímido en un principio; detesto la falta de originalidad; detesto las quejas y lamentaciones continuas; detesto mi incompatibilidad con las tecnologías; detesto el cierre de una puerta; detesto comer temprano; detesto las clases por la tarde; detesto el calor; detesto mi pereza; detesto a los indiferentes (del club de ni pinchar ni cortar); detesto a los paletos racistas; detesto las malas formas; detesto la coliflor; detesto el “no” a todo; detesto a los fúnebres; detesto la suciedad; detesto el mal olor; detesto las viejas que se cuelan en la cola del supermercado por creerse con más derechos; detesto a los conductores impávidos y flemáticos; detesto el café soluble; detesto las pashminas; detesto a los prepotentes que al oler su mierda creen estar en el edén; detesto a las personas que sólo leen Best seller; Detesto el grito y el no saber hablar en silencio; detesto el ron; detesto la pasividad al organizar un viaje; detesto que se olviden de mí; detesto que me salten; detesto que me infravaloren; detesto que no compitan; detesto las bromas a cada instante; detesto que no pueda tomarme en París ninguna pinta sin tener antes que consultar su precio; detesto la gente que sólo visiona películas objetivamente dantescas; detesto que me pidan opinión y luego no la tengan en cuenta; detesto que me expliquen sin conocimiento de causa; detesto a las personas que miran antes las soluciones para resolver un autodefinido; detesto conducir; desteto estudiar Derecho; detesto a los cort@s de mente; detesto esperar para coger un tren; detesto “las jibiedades”; detesto a los mosquitos; detesto a las personas que mandan callar; detesto al Sevilla FC; detesto a los chovinistas; detesto las faltas de ortografía; detesto la lluvia en forma de chirimiri; detesto la humedad; detesto la puntualidad; detesto mis manos cortadas por el frío; detesto la crema hidratante; detesto (en homenaje) las extremidades inferiores del cuerpo; detesto a la RAE y su omnipresencia; detesto ver como te marchas, pero al mismo tiempo me encanta ver como te vas; detesto los pedos ajenos; detesto que me feliciten los desconocidos; detesto que me regalen lo primero que pillen; detesto los sombreros; detesto que se me dirijan en imperativo; detesto dormir con alguien; detesto afeitarme; detesto a la gente borracha que no tiene don para hacerlo; detesto la incontinencia; detesto mi intolerancia; detesto a los curas acomodados; detesto a los funcionarios enchufados por su jeta; detesto a los vividores a costa de otros; detesto a los políticos sin carisma; detesto a los radicales; detesto a los irracionales; detesto a los memos que piensan que follar es lo único a descubrir en una mujer; detesto lo banal; detesto el golf; detesto a los monotemáticos; detesto la vida sedentaria; detesto mi ordenador; detesto a los que visten horrorosamente; detesto a los serviciales en demasía; detesto dormir con calcetines; detesto que el puré de patatas me quede líquido; detesto ver cucarachas; detesto la modalidad grill del horno que me achicharra siempre el pan; detesto el no tener aire condicionado; detesto a los religiosos exacerbados; detesto mal vivir; detesto a los abstemios; detesto a las gordas que se rozan contigo en los sitios concurridos, para luego recordarle a sus amigas lo guarros que son los tíos; detesto a los que detestan la televisión cuando luego son los que primero la encienden; detesto dormir sin radio; detesto que se quejen que ronco; detesto los auriculares; detesto el cine español y a la ministra que lo abandera; detesto que anden con zapatos por casa; detesto los vasos colocados en el borde de la mesa; detesto los mazapanes; detesto ver como dibujan enormes falos con todo lujo de detalles; detesto la imaginación y pensamiento que muchas veces se queda en refugio de cualquier tipo de expresión; detesto no dar el primer paso; detesto que me manden callar; detesto toda conversión; detesto la derrota; detesto a los que saben perder sin tomárselo mal; detesto la mayoría de series televisivas de moda de las que todo el mundo habla; detesto a los cobardes; detesto la miseria y la burla; detesto que no me deteste mi enemigo; detesto a “los charlies” y probablemente también a algunos franceses; detesto planchar camisas; detesto a todas las señoritas que aseguran que George Clooney no les encanta; detesto a los encasilladores; detesto que no me den una oportunidad; detesto a los carentes de cultura mínima; detesto a los hombres que odian el fútbol; detesto las noches de insomnio; detesto a Colin Farrell; detesto la música de las discotecas; detesto a la amiga fea que siempre va acompañando; detesto las parejas descompensadas; detesto tener que levantarme a llenar mi botella de agua cuando ya estoy sentado; detesto hablar con una tía durante una noche para absolutamente nada; detesto tener que quedar con esa algún que otro día; detesto no atreverme a hacerlo; detesto hablar por teléfono; detesto que me acribillen a mails; detesto estar sobrio de noche; detesto mi falta de confianza; detesto tener que acabar con esto; detesto no recordar para detestar aún más.