sábado, 26 de febrero de 2011

De claqueta en claqueta.



Ni pienses que voy dejar pasar la ocasión de comentar el mejor cine de este último año pasado 2010, claro que como el afamado Jack, lo haremos por partes. Sin tener mucho en cuenta la pasada gala de los Globos de oro, y la aún más cercana nominación a los Oscar, lo haré únicamente desde la perspectiva de este cinéfilo simplón. Llega la época que tanto nos mola para el séptimo arte, y no sólo por la entrega de unos premios otorgados a la ligera e interés, sino a la cantidad de competencia surgida en el mes del cine por antonomasia.

Y empezaremos como se debe, por el origen, no haremos ningún tipo de salto en la gramática acordada, ni tampoco voy a haceros una incepción en vuestras lúcidas mentes.

Nolan muestra una vez lo fácil que es provocar el funcionamiento de las neuronas, incluso en la juventud pasiva. No he visto tantas cabezas pensantes y entregadas a tal causa como aquella vez una vez terminado el filme en la misma sala. Y claro, todo está más claro cuando un colega va y te dice "oye, por qué la furgoneta tarda tanto en caer al agua" Entonces tienes que ir a socorrerlo, y digas lo que le digas te va a creer, puesto que el chaval no se ha enterado de nada. Muchas teorías, unas claras y otras menos, aunque por ello no menos ciertas. La verdad que el largo da cabida a un sin fin de finales (vivan las redundancias) En mi opiniónnn, como diría el protagonista Boris de "Si la cosa funciona" interpretado por el carismático Larry David, Inception es un filme que no requiere comprensión, no hace falta ni la tiene. No compone una serie de lazos que debes resolver, como sí pasa con el cine de Lynch y de Buñuel. Nolan nos transporta a un mundo contemporáneo del que hay que disfrutar con los cinco sentidos. En el momento en que preguntes un por qué todo se te irá de las manos, y despertarás del sueño inmerso que Dicaprio nos muestra con una suave maestría. La sobre explicación de la que muchos críticos hablan, no es más que un recurso que el director nos aporta para nuestra participación personal en cada uno de sus movimientos. Inception es un truco, maravillosamente ejecutado, que se ve como algo que no tiene igual. Es magia. Es una ilusión, algo que nunca hemos visto: una nueva sensación, la experiencia más superlativa que ha dado el cine comercial en Dios, sí, cuanto tiempo. Es un salto sin red hacia la exploración del ser humano en su forma más pura, es un thriller futurista en el que no falta de nada, cuyo único exceso es su propia ambición. Nolan es un mago, y como tal no quiero que me revele sus secretos.


Continuamos con el señor Dicaprio, que por cierto tiene una cantidad curiosa de proyectos, la mayoría con Martin Scorsese como la consiguiente. Quizás ahora trate el largometraje más incomprendido de estos últimos años, y posiblemente también, una película de las más infravaloradas que he visto recientemente. Os hablo de Shutter Island. De nuevo es llevada a la gran pantalla una novela de Dennis Lehane, del cual no citaré ya sus conocidísmas inspiraciones para algún que otro director. Scorsese nos presenta su película más tramposa, seguramente la mayor lección de cine controvertido y misterioso que nunca le haya visto. Shutter Island es brillante, aterra desde el inicio, aunque no deben confundir esto con una peli de miedo. Desde el primer momento quedas atrapado por el guión, absorvente como pocos vi, y sorprendente a raudales. La atmósfera se va enegreciendo con el paso de los minutos, y tú no das fe a lo que allí está sucediendo. Te retuerces en la butaca, te pica la espalda, y te incomoda tal sensación de locura que poco a poco te va invadiendo. Es un entresijo de falacias que me apasionan, y al que no le guste tal forma de hacer cine, que ni se atreva a visionarla y siga con las hostias que reparte Seagal en sus años mozos. Con unas interpretaciones realmente notables, especialmente por parte de los secundarios (Jackie Earle Haley, Michelle Williams, Ben Kingsley, síiii, el judío de la Lista de Spielberg) y sobrias de Dicaprio y Ruffalo, cuyas conversaciones son de elogiar. Cuidado, Shutter Island te embauca, te engaña… y, al loro... te vuelve loco.

"-Volviendo a lo de tu compañero..."
"-¿Qué compañero?".


Dejaremos atrás el cine de intriga por un momento para embarcarnos en una de animación, no se me despisten ni un pelo.

Se cerró una trilogía, esta vez la visionaría de diferente forma a sus predecesoras, porque como Andy yo también dejé de ser un niño que juega con sus muñecos. ¿Qué nos regalarán esta vez señores de Pixar? Tengan en cuenta que tienen una misión muy complicada, sobre todo después de las recientes Walli-e y Up, será extraño sorprenderme… Qué está pasando aquí, me la han vuelto a pegar, ¿cómo lo consiguen?
Fui a ver la película sin ir acompañado de un menor, daba igual, porque la cuestión en realidad es que era yo al que habían llevado al cine. Y nunca experimenté tanta vinculación semejante. Contemplé como los personajes habían madurado a la par que yo. Hacía tanto tiempo que no nos mirábamos mi querido vaquero, que ya te había dado por imposible, es más, no esperaba que tú y yo nos volviéramos a reencontrar, y menos después de tantos años. Si ya hace esos algunos canturreé esa canción del amigo, y miraba a Buzz como un loco que se creía astronauta de verdad; Más tarde no soporté a Alf, el de los almacenes, y cabalgué con el inquieto Perdigón, deseando que volvieras a casa con ese brazo en su sitio; Ahora, no puedo imaginarme a los guionistas de esta última entrega de otra manera que no sea bajo el titular: “Nunca dejaron de ser niños” Y qué razón tenían. Y como tal, ahora entraron personajes más acordes a nuestra mayor visión: El Oso, El Bebote; El mágico Payaso triste con esa voz tan cautivadora. Unos juguetes inertes estaban atravesando mi bastardo corazón a base de bien, ese final provocó un hervidero en mis ojos a punto de estallar. Lo más curioso de todo esto fue que al finalizar el largo, miré a mí alrededor y no era el único ni mucho menos, aparte de esos niños que fueron con sus padres, por otro lado estábamos esa generación de los 80 y 90 que durante 103 minutos fuimos los más felices del mundo divirtiéndonos con nuestros juguetes.

Ya queda respondida de sobra la pregunta que el filme plantea en un momento clave, “Me pregunto si alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto” Gracias.


Jamás se me hubiera pasado por la chola que este director predilecto sea el responsable de una de las tramas más actuales y desconocidas hasta ahora, sobre todo por el tema que trata. Aquí no hay ambientes de desasosiego ni sombríos, ciudades sin nombres, casos que nunca acaban, malos temporales, y ni tan siquiera aparece Brad Pitt, tampoco algún otro actor consagrado. He de reconocer que la historia no me atraía mucho, será porque no tengo una de esas mentes privilegiadas para entender el ciberespacio. Pero The Social Network va más allá.

David Fincher nos desmiembra el mundo de Facebook, y falta que hacía, la verdad sea dicha, por lo que tomaremos a este filme como necesario. Si hemos percibido muchos largos de este director donde el ambiente emocional sobresale de manera estrepitosa, y fluye de manera incontrolada. Aquí no espera encontrarla, no existe el melodrama. Y me parece toda una osadía situarla en el mismo peldaño que Seven y el Club de la Lucha. No tildo a La Red Social como una obra maestra.
Lo primero que me llama la atención de la historia de Zuckerberg es la gran falta de compañerismo. Parece que la mayoría de esos alumnos de Harvard son una mancha de cabrones sin escrúpulo alguno, capaz de vender a su propia madre si con ello rozan el éxito y la popularidad. Sin embargo no hace falta derretir en exceso su gélida superficie, para intuir que ésta alberga una brutal disección social de los nuevos amos del mundo, ya sea el alumnado de Harvard, o los empresarios estrella de las puntocom, y su implacable amoralidad en el camino al éxito, entendido aquí como reconocimiento global y voluntad de trascender más que como autorrealización. Pero parece que al final ni con esas uno se salva, puesto que la gente sólo recordará al producto y no al creador. Al final serás olvidado. Pero una cosa son los bienes materiales, los aprehensibles obtenidos, y otra lo que se siente cuando lejos del mundanal ruido, incluso desde la cima del éxito, uno se queda sólo, y se percata de que en su camino a la gloria ha dejado atrás la felicidad.
Me sorprendieron los dos protagonistas ex colegas para bien, tienen un futuro asegurado, por lo menos a corto o medio plazo. De Justin no diré nada, bueno sí, que no me mola aunque mejore ostensiblemente su actuación. Y por último comentar que visioné con diferencia la película más rítmica de Fincher, yo soy un amante de su cine de siempre opaco y pausado, pero la verdad que de vez en cuando una modificación radical de tu realizar se agradece (véase a Lynch en Una Historia Verdadera, por ejemplo) Si bien todo ese compás está multiplicado por esa banda sonora magistral y electrónica.


Y cierro esta primera parte de cine con, ¿la mejor?, el "filmaffinity" de Tom Hooper.

Nos transportamos ahora mismo a esa sala amplia, resquebrajada, de colores metalizados, con una pared descolchada y un fondo destartalado, ¿ya saben a dónde vamos? Y es todos deberíamos ir a clase de ese insolente terapeuta y experto del habla que se hace llamar Lionel Logue. Dicen que el guión no es del todo verídico, que muchas anécdotas se extrajeron de los diarios del logopeda aportados por su nieto, pero que otras tantas han sido inventadas. La verdad es que no me importa lo más mínimo, el encantamiento de este film va más allá, y las conversaciones entre Bertie y Lionel a solas son encomiables, grandiosas, sublimes... Es cine.
Los 118 minutos de metraje son ágiles, donde el lenguaje cinematográfico se convierte en una de las grandes virtudes del filme. El mismo metraje destila veracidad, es decir, destila realidad y verdad, consigue atrapar al espectador de una forma casi inesperada. La empatía del espectador y el Duque de York, por otra parte, se hace imprescindible. Esto es, la mirada del espectador sufre, se agobia, ríe y se congracia con un hombre cuyo destino ha querido que sea rey, pero que no deja de ser un hombre. Esas contradicciones entre el envoltorio que persigue a la vida de un miembro de la realeza y él mismo como persona, igual que cualquier otro de su especie, se observan en la película de forma cristalina. Aparte de las actuación inmensa de Colin Firth como Jorge VI, así como las sobrias de Michael Gambon y Guy Pearce, y la encantadora Helena Bonham Carter como Reina Madre, personalmente me quedo con la de Geoffrey Rush en el papel de Lionel, el cual fue la primera cabeza pensante y principal precursor de que este largo saliera a la luz, recuperó esos antiguos diarios del logopeda. Por lo visto, la historia entusiasmaba al actor, cuyo personaje preparó con maestría, y su devoción se percibe en cada una de las escenas en las que aparece, pocas veces visioné tanto amor por un papel, como quien habla del amor al arte.

Cuando la ficción te atrapa y consigue que lo que se mira sea verdad, cuando la ficción se convierte en realidad, una realidad que se esfuma en el momento en que la pantalla funde a negro, se hace el milagro. Es el gran milagro del cine, y en el Discurso del Rey se produce tal hecho.




sábado, 29 de enero de 2011

CATARSIS



Siempre he oído aquella expresión del "año nuevo, vida nueva" Y la he considerado digna de necios, de imbéciles de sobrenombre. Hablo del creer que el cambio en el número de unidad que marca nuestra fecha modificará el rumbo de alguna desgracia acontecida. Aunque si bien nuestros políticos ya están ahí para que dicha expresión vuelva a salir a flote una vez más, y así no perdemos nuestras costumbres, ni nuestra frase hecha.

Una pizca de gracia que entró por orden el día dos de enero. Por obra y gracia divina de nuestros elegidos se prohibió lo que poco años antes se remodeló. Dichosos los que entren en los bares españoles... debieron pensar. Sin embargo, yo sigo viendo muchas lagunas en todo esto. Y lo que preocupa verdaderamente en ese país no tiene nada que ver con el cigarrillo que acompaña la caña, el café, o la copa de turno, ¿verdad? Se elude la incapacidad para provocar alguna mejora en la situación. Situación que, por cierto, tocó fondo hace ya algún tiempo.

Aún sigo quedándome perplejo delante del televisor al ver las noticias diarias, y aún sigo sin comprender por qué se sigue dando cancha a unos incompetentes cada vez más infravalorados a nivel internacional. Pero aparquemos los tópicos por un momento. Qué más da que unos sindicatos comprados se vayan de mariscada cuando se habla de huelga general, eso no tiene la mínima importancia. Y claro, como Gandhi habló de la no violencia, lo mismo le otorgan esos señores otro premio Nobel de la Paz a un cualquiera, como Menchú. Claro, yo lucho para y por el pueblo, pero a la hora de la verdad le dan por la rabadilla, y se la meto doblada de forma apaisada. Perdóneme ex ministra por no acordarme de usted antes, y no haber escrito un/a cualquiera. Fíjese, que ya ni la recuerdo casi, y es que como tiene tantas compañeras, que encima no son ni la mitad de guapa que usted, que se inmolan con su sola presencia delante de una cámara, que...

Y para no perder el hilo... Mire Ángeles, déjese de joder ya, que bastante tenemos. Vamos, que el nota que no quiera gastarse pelas en el cine, ¿no tiene derechos? Y luego por detrás, están todos esos artistas votantes que cobran por la puta cara un impuesto desmedido e injustificado. Qué quieres quitarle al pueblo desgraciado, deje el megavideo, mujer, qué le cuesta, si seguro que usted también recurre al dichoso programa cuando va muy apurada. O a lo mejor le gusta revisar muchas noches las dantescas obras que realizó, lo cual hablar de ellas me producen repentinas nauseas. Y después censuras a tu antojo, y luego sale un compadre tuyo hablando de la época anti democrática, pero la mayoría que no conoce eso, pues comenta lo que vive, y la verdad, chica, que ustedes no nos lo están poniendo nada fácil.

Fuera de tonos que rodean la jocosidad y las ganas horrendas de descojonarme, hay que ponerse más enervado. Y creo que desde el exilio las cosas se ven mucho más acorde con la realidad, cuando vives otro entorno, cuando no estás presente, la objetividad aumenta, compruébenlo si tienen la oportunidad. Aunque si bien, no dejen de tomar precauciones y buscar soluciones, pero quién soy yo para aconsejarles, seguro que cada uno ya lo ha tenido en cuenta, y vive del cómodamente, llevándolo todo para de frente.

Y por aquí vamos vagando, pasándolas canutas, y se tiene la continua premisa y obcecación con los mismos de siempre. Y luego salta uno de entre la multitud y afirma lo típico escuchado, “aquí nunca nadie hace nada” Lo cual no tiene mucho sentido para el menda que no llega a comprenderlo del todo. Y todos nos acordamos de la zorra que nos trajo al mundo en un momento de cabreo, y lo fácil es aclamarlo de una manera u otra. Total, como digo siempre, a quién coño le importa lo que hagas. Siguiendo bien de cerca la corrupción de las altas esferas, el aire podrido de dinero sucio que calla bocas y silencia los pensamientos más brillantes, ¿qué importa de nuevo, si yo salgo de la austeridad? Pues eso…

La sociedad llena de paletos racistas e incompetentes que no miran más allá de sus narices, y una juventud que ni siente ni padece. Y mi vecino de arriba, el cual no aguanto, sigue siendo el mismo “paliza” de todas mis tristes mañanas. Por otro lado, un hombre que va al currelo hastiado de todo, y esperando que el contador de su vida llegue a cero porque ya no tiene ninguna gana. El maromo no se puede mirar al espejo sin encontrarse de frente con la cruda realidad que le muestra su infinita ineficacia y mediocridad. El tipo coge su maletín e intenta pasar sin hacer mucho ruido, dando palos de ciegos, a ver con qué nos encontramos hoy, siendo todo un misterio de malas rachas que nunca pasan. Ay, del cabrón que dijo que siempre vendrían días mejores, o que después de la tempestad…

Encontrando esa obra de arte que purifique al espectador, el método que te llevará a una felicidad tranquila, a un karma sosegado, fuera de las ambigüedades que ello pueda repercutir. Salir de todo bucle que les irrite, el cómo y cuándo, la forma de borrar de nuestras mentes esos rostros preocupados, angustiados al no poder mirarse al espejo. Ante un sin fin de tragedias cotidianas que nadie sabe y llevan a cuestas todos menos los parásitos sociables. Al mentir a tus queridos, al ponerles buena cara y sonreír cuando no hay cosa que te apetezca menos en ese preciso instante. A obviar los errores y abrazar las reducidas ganas que se queden rezagadas por el camino. A soñar con lo imposible, y a querer lo prohibido.

¿DÓNDE COÑO ANDAS? VENTE PRONTO




lunes, 27 de diciembre de 2010

Y qué más da

Que ya no era la “ídola” que había sido para él, menuda decepción. Que no lo podía creer, pero aún así la condenaba a los infiernos. Que el mito se estaba esparciendo como motas de polvo, y su palmarés perdiendo, sin ser tenido en cuenta. La mujer que maravilló a todos los amantes del atletismo pasa del edén al abismo en un día, y seguramente, después de muchas tardes relevantes en su historia y en la nuestra, esta será sin duda alguna la más recordada, y ni siquiera tuvo que ponerse su felpa mágica.


Duro y escabroso es el camino que conduce a la victoria, que al alza te llevan en volandas por los hitos del atletismo. Los aplausos a su llegada se acrecentaban, ella caía bien a los amantes, no importaba nacionalidad, ¿qué más da si era Marta la que hoy corría?

Currante, se fue otorgando un lugar en nuestros corazones. Cuando veíamos esa melena rubia en algún evento de cierta importancia nos paralizábamos. Sentía una adrenalina parecida a la vivida en mi estadio de fútbol, la situación se asemejaba a esos minutos finales donde nuestro equipo de toda la vida se jugaba lo crucial en ese preciso instante. Los alientos y resoplidos ya no eran tan sonoros, y los murmullos se apaciguaban hasta el cese, sólo se espera el estruendo formado por un sonido que marcara el comienzo, y qué comienzo.


Ella de primeras siempre intentaba buscar una posición cómoda que no la apartara mucho de la cabeza, se rumoreaba en el ambiente que era bastante perspicaz para eso. Con el rictus serio y sobrio, como sólo esas personas de Castilla son capaces de poner, iba avanzando sin dar motivo alguno de acongojo para los que deseaban su aclamación final. La distancia no era un problema, pues ella se aclimataba bien a lo que le echaran.

Y ha habido muchos finales, se ganó y se consiguieron logros muy importantes para el atletismo español. Otras veces se subió al segundo o tercer cajón, nadie es perfecto como diría aquel. E incluso hubo decepciones, caídas atroces como la sucedida en los últimos Olímpicos. Ese maldito último obstáculo, Marta. Aún recuerdo como te levantaste, miraste a los tuyos y sonreíste, como si un niño pillo se cae jugando con sus amigos y se quita todo atisbo de ridículo que pueda acontecer en el mismo instante. Luego tu entrevista, seguías risueña, sabías que habría más oportunidades. ¿La edad? Eso para ella era lo de menos.

Hace poco que declaró al salir del juzgado, y no mostró señal de agobio ni de enfado, atendió con esa sonrisa típica en ella, conocida de sobra por todos. Ahora lo mismo está en su casa igual de indignada que yo, preguntándose dónde coño está esa presunción de inocencia no sólo jurídica, sino también moral. Sin querer leer ningún periódico, la mayoría deportivos, que rajan sus enaguas y tiran al agua todos sus logros, como si ella no los mereciera por haber vendido (presuntamente) sustancias ilegales. Ya no eres nuestra “ídola” Marta, te has desfasado a ti misma, no nos interesas, porque prefiero creer lo que dice El Marca, que es tan verídico, a lo que tú aseguras. Qué importa tu primera medalla en el Europeo de Estocolmo en el 96, o tu primer oro en Viena en el 2002… Qué más da que no hace mucho te proclamaras la mejor del mundo… Eso ahora no es relevante para muchos, olvídalo.


Lo mismo la atleta está tan asombrada como “moi” del sensacionalismo que se está creando a costa de su persona, e incluso le repugna, claro que sí. Y si ella afirma que la guardia civil no encontró en su casa esas sustancias, sino que sólo tienen en su poder unas escuchas telefónicas, pero el Marca lo desmiente, ya seguro que hasta le entra sueño, porque la impotencia fue creada para los perdedores y cobardes, y tú no lo eres, Marta. Tú eres capaz de todo, una luchadora, demuéstralo.


Y cuando pasen los años, yo seguiré hablándo al desconocido que me pregunte de ella, al que no la haya visto correr esa felpa de color rojizo claro por las pistas de atletismo; al que no se haya plantado por unos minutos delante del televisor para sentir las pulsaciones a mil por hora; al que de una manera u otra no haya sentido esa sensación de victoria ajena…

Entonces cada uno juzgará, se declare culpable o no, quien fue Marta Domínguez.



lunes, 13 de diciembre de 2010

JE DÉTESTE

Detesto que me despierten; detesto no poder oír el sin fin de melodías que pongo en el móvil como despertador; detesto el día a día; detesto los saludos gratuitos; detesto las situaciones incómodas; detesto ser tímido en un principio; detesto la falta de originalidad; detesto las quejas y lamentaciones continuas; detesto mi incompatibilidad con las tecnologías; detesto el cierre de una puerta; detesto comer temprano; detesto las clases por la tarde; detesto el calor; detesto mi pereza; detesto a los indiferentes (del club de ni pinchar ni cortar); detesto a los paletos racistas; detesto las malas formas; detesto la coliflor; detesto el “no” a todo; detesto a los fúnebres; detesto la suciedad; detesto el mal olor; detesto las viejas que se cuelan en la cola del supermercado por creerse con más derechos; detesto a los conductores impávidos y flemáticos; detesto el café soluble; detesto las pashminas; detesto a los prepotentes que al oler su mierda creen estar en el edén; detesto a las personas que sólo leen Best seller; Detesto el grito y el no saber hablar en silencio; detesto el ron; detesto la pasividad al organizar un viaje; detesto que se olviden de mí; detesto que me salten; detesto que me infravaloren; detesto que no compitan; detesto las bromas a cada instante; detesto que no pueda tomarme en París ninguna pinta sin tener antes que consultar su precio; detesto la gente que sólo visiona películas objetivamente dantescas; detesto que me pidan opinión y luego no la tengan en cuenta; detesto que me expliquen sin conocimiento de causa; detesto a las personas que miran antes las soluciones para resolver un autodefinido; detesto conducir; desteto estudiar Derecho; detesto a los cort@s de mente; detesto esperar para coger un tren; detesto “las jibiedades”; detesto a los mosquitos; detesto a las personas que mandan callar; detesto al Sevilla FC; detesto a los chovinistas; detesto las faltas de ortografía; detesto la lluvia en forma de chirimiri; detesto la humedad; detesto la puntualidad; detesto mis manos cortadas por el frío; detesto la crema hidratante; detesto (en homenaje) las extremidades inferiores del cuerpo; detesto a la RAE y su omnipresencia; detesto ver como te marchas, pero al mismo tiempo me encanta ver como te vas; detesto los pedos ajenos; detesto que me feliciten los desconocidos; detesto que me regalen lo primero que pillen; detesto los sombreros; detesto que se me dirijan en imperativo; detesto dormir con alguien; detesto afeitarme; detesto a la gente borracha que no tiene don para hacerlo; detesto la incontinencia; detesto mi intolerancia; detesto a los curas acomodados; detesto a los funcionarios enchufados por su jeta; detesto a los vividores a costa de otros; detesto a los políticos sin carisma; detesto a los radicales; detesto a los irracionales; detesto a los memos que piensan que follar es lo único a descubrir en una mujer; detesto lo banal; detesto el golf; detesto a los monotemáticos; detesto la vida sedentaria; detesto mi ordenador; detesto a los que visten horrorosamente; detesto a los serviciales en demasía; detesto dormir con calcetines; detesto que el puré de patatas me quede líquido; detesto ver cucarachas; detesto la modalidad grill del horno que me achicharra siempre el pan; detesto el no tener aire condicionado; detesto a los religiosos exacerbados; detesto mal vivir; detesto a los abstemios; detesto a las gordas que se rozan contigo en los sitios concurridos, para luego recordarle a sus amigas lo guarros que son los tíos; detesto a los que detestan la televisión cuando luego son los que primero la encienden; detesto dormir sin radio; detesto que se quejen que ronco; detesto los auriculares; detesto el cine español y a la ministra que lo abandera; detesto que anden con zapatos por casa; detesto los vasos colocados en el borde de la mesa; detesto los mazapanes; detesto ver como dibujan enormes falos con todo lujo de detalles; detesto la imaginación y pensamiento que muchas veces se queda en refugio de cualquier tipo de expresión; detesto no dar el primer paso; detesto que me manden callar; detesto toda conversión; detesto la derrota; detesto a los que saben perder sin tomárselo mal; detesto la mayoría de series televisivas de moda de las que todo el mundo habla; detesto a los cobardes; detesto la miseria y la burla; detesto que no me deteste mi enemigo; detesto a “los charlies” y probablemente también a algunos franceses; detesto planchar camisas; detesto a todas las señoritas que aseguran que George Clooney no les encanta; detesto a los encasilladores; detesto que no me den una oportunidad; detesto a los carentes de cultura mínima; detesto a los hombres que odian el fútbol; detesto las noches de insomnio; detesto a Colin Farrell; detesto la música de las discotecas; detesto a la amiga fea que siempre va acompañando; detesto las parejas descompensadas; detesto tener que levantarme a llenar mi botella de agua cuando ya estoy sentado; detesto hablar con una tía durante una noche para absolutamente nada; detesto tener que quedar con esa algún que otro día; detesto no atreverme a hacerlo; detesto hablar por teléfono; detesto que me acribillen a mails; detesto estar sobrio de noche; detesto mi falta de confianza; detesto tener que acabar con esto; detesto no recordar para detestar aún más.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Qué es la música?

Si en una tarde como la de ahora, después de haber sufrido una “wiskera” importante, en donde me pongo a repasar mi hilo musical, uno se va dando cuenta de los procesos que va sufriendo su ego durante las diferentes transiciones. Claro está que, algunos nos quedamos anclados en el pasado.

Y empieza la primera a tronar en mis casquillos, se escucha una eléctrica con el mismo son, mientras le acompañan un bajo y una batería con la misma base, acompasados de tal manera que todo parece estar sincronizado a la perfección, como si de un reloj antiguo de manecillas te estuviera avisando e instruyendo en cada momento. Una voz peculiar recita algo que te atrapa de repente, sin darte mucha opción a analizar lo que se esta diciendo, porque en seguida te pones a repetir lo mismo que vociferan esos señores del fondo. La guitarra no da cuartel, ahora el ritmo es bastante más frenético, tus ojos se cierran, y la chola comienza a agitarse de tal manera que, durante cuatro minutos y catorce segundos emulas al puto Kurt Cobain en pleno éxtasis durante uno de sus agónicos conciertos, aunque en este momento no escuche Nirvana.
La cosa ya va acabando, y lo sabes de sobra, nada ni nadie ha de avisarte del preciso instante en el que debes dejar de volver en negro. Aunque como se repite una vez tras otra: “Cause I’m back. Yes, I’m back.”

Quemo un trozo de corcho que encuentro a mi paso, seguramente se habrá extraviado de alguna botella de vino que engalanó la cena de anoche. Acto seguido se pinta en la pared que está a mi lado una inscripción en negro, y la batería invade mis oídos de forma soberbia. El letrero dice "A la piedra movediza nunca moho la cobija" En honor a esos trotamundos sin rumbo fijo, sin responsabilidad alguna por más que quieran acomodársela. La canción que encumbro a esos vagabundos de la vida es capaz de desatar a cualquier amante puro del viejo country tejano.
A lo mejor me voy de marras y pongo otra de estos magos, por cierto ¿cómo está Angie?

En su lujo ascender a los altares endiosados, cuando alguien pregunta de manera celestial a una chica si ha soñado alguna vez con él… Contando diez soldados de hojalata en línea. Y, si viene un tiempo. En que armas y puertas no te retendrán. Y si eres libre para elegir. Sólo hecha un vistazo al oeste y encuentra un amigo.

Con lo que sobra de la improvisada pintura, dibujo en mi rostro un significativo bigote. La casa esta bastante desordenada, hay que ponerse a recoger todo de manera inminente, por eso me preparo, la música sube de volumen. Pero... ¿esto qué es? Una aspiradora, y como un cazafantasmas empiezo la labor de manera rítmica, tal y como la aprendi de ese ser talentoso que me acompaña cada vez que voy en el coche… E insisto de nuevo, ¡quiero ser libre!

En un hotel que recuerdo con cariño pasaron cosas extraordinarias. Tranquilos, no tiene nada que ver con el sitio en donde Jack Nicholson perdió por completo el sentido de la razón. Me lo encontré por el camino del desierto, cuando el viento despeinaba cualquier cabellera. Os hablo de un sitio bello, de un bucle donde lo maravilloso ocurre sin cesar. Espejos en el techo, el champagne rosado en hielo… Y ella dijo, aquí somos todos prisioneros de nuestra propia invención. De donde nunca jamás podrás marcharte.

Me gustaría viajar a Japón, y que una melodía nada parsimoniosa de piano aclamara mi llegada. Soñemos con la mañana Osaka, y amémonos mientras esperamos que salga el sol en Oriente, algún día lo sabrás. A veces aun lo correcto está mal.

Bailemos un rato. Espero seguir siéntome joven cuando alcance una edad bastante avanzada, cuando la cabeza me cubra entera de canas. ¿Vas a soltar la bomba o no? Que la vida no se agote, que recobra siempre algún porqué. Que no pase nunca de moda. No me permitas nunca decir “nunca” ¿Realmente quieres vivir por siempre?

Mientras explotamos con el boom, creamos una nueva tendencia, una forma de vida distinta, una pasión exacerbada por esa revolution inglesa. Bueno agítate nena (agítate nena) Baila el twist y grita… Mientras salimos a la terraza a dar un poquillo de movimiento a las calles transitadas, llenas de monotonía. Mientras dimos con un nuevo batería guapo, el cual apreciábamos muchísimo. Mientras, bastante después, a otro se le iba la pinza, y creó algo nuevo por lo que imaginar, o alguna rallada que otra influidas por un ser que marcó otro rumbo, como la Revolución 9, totalmente irracional…, u otra en la que soñaba con el número nueve (AH! B´WAKAWA POUSS?, POUSS?) Después tuvo coincidencias reales con ese número que dan bastante pavor.
Mientras estuvimos en lo más alto del ranking, donde nada ni nadie podía hacernos ni el mayor atisbo de sombra. Mientras le cantábamos al ayer, al amor, al dejar ser, a algo simplemente, a un día en la vida, a una tal Jude, a querer tomar tu mano, a campos de fresas, a sumergirnos en mi vida, a juntarnos, a ver como mi guitarra llora, a decir “hola, adiós.”

Después de tantos malditos genios consagrados, nunca viene mal otorgar una oportunidad a unos engatusadores que van marchando por el camino correcto, a mí entender. Desperté de aquel sueño por morir ahogado en el Támesis. Tomas las piezas de los sueños que tienes, porque no te gusta la forma en la que parecen ir. Los cortas y los desparramas en el suelo. Estás lleno de esperanzas mientras empiezas a rearmar. Los pones juntos de vuelta. Pero de cualquier forma que veas las cosas e intentes. Los amantes se están perdiendo… Soñé que no tenía nada en absoluto.

Siempre tenemos esa debilidad con la que, sin pensarlo dos veces, nos arrodillamos sin mas, callamos y nos dejamos llevar simplemente. Con cada una de sus letras, con cada uno de los acordes que la banda de la calle, que le acompaña, nos otorga. Cuando nos transporta a las calles de Filadelfia para guiar a un abogado en un juicio imposible. Cuando una balada suena en un jardín secreto, con la belleza incomparable que imaginamos cuando observamos a nuestra prometida. "Show me the money" Cuando el fin llama a la puerta de un ente del pasado; cuando estás apunto de caer en el fracaso; cuando vuelves sólo a por un atisbo de la gloria de ayer; cuando le preguntas a alguien si ha visto a un hombre que tal vez sea él. Cuando nazco donde las Águilas de cabeza blanca. Cuando somos hechos para correr. Cuando bailamos en la noche. Cuando suspiramos por los gloriosos días. Cuando tenemos los ojos tristes. Cuando esperamos en un día soleado. Cuando escuchamos una radio de ninguna parte. Cuando bramamos en los páramos de la locura…

El rey del swing, o ¿era el sultán? En el minuto cinco de ésta, con una forma de tocar la guitarra sin púa de forma espectacular, como si estuviese dando una clase de la misma cada vez que se subiera a los escenarios. Recuerdo con una sonrisa el concierto por Montserrat, a fin de recaudar fondos para ayudar a la isla caribeña de Montserrat, afectada por las erupciones del volcán Soufriere. Recuerdo el elenco que entonó “Money For Nothing” y tú liderando aquella mágica estampa, la cual será recordada hasta el día que me la lleve a la tumba. Caminaré por la vida, y recitare los poemas de Shakespeare sobre Romeo y Julieta.

En un concierto ansiado que nunca llegó, al menos para este cura. Con unos 360º fuera de toda cordura. Yo todavía no he encontrado lo que estoy buscando. Quizás solamente sea uno. Y a lo mejor me entra el vértigo, mientras voy contando hasta catorce. Sólo espero seguir existiendo algún día con o sin ti.

martes, 24 de agosto de 2010

LA PRINCESA OLVIDADA


En 1784, un buque que partió de Francia con rumbo a la Isla Martinica, zozobró, hundiéndose en el fondo del mar. Abordo, se encontraba una niña llamada Aimée Du Buc de Rivery. Su familia la dio por muerta, y lloraron su triste pérdida.


En 1817, falleció la sultana Nakshidil. Su hijo, Mahmud II, afirmó que su madre era extranjera, posiblemente de origen francés, ya que lo hablaba a la perfección y que tenía un acento muy afrancesado.


Aquí es donde comienza la leyenda, sobre qué relación podía tener la pequeña Aimée Du Buc de Rivery con la sultana Nakshidil.


Aimée había nacido en Las Antillas francesas, el 4 de diciembre de 1771 en Martinica. Su padre era un colono francés que se había instalado en la zona, estaba bien relacionado y formaba parte de la elite local. Curiosamente, Aimée tenía una prima, Marie-Josephe Rose Tacher de la Pagerie, que con el tiempo tendría un lugar en la historia, nada más y nada menos que la futura emperatriz Josefina, la misma que enamoró a Napoleón.

Las pequeñas pasaron una infancia feliz, no en vano, el lugar era conocido como el paraíso en la Tierra. Las dos estudiaron primaria en Martinica, convirtiéndose en dos señoritas con conocimientos en matemáticas, ortografía y gramática, historia, danza, canto, y, por supuesto, buenos modales.


En la Isla existían muchos criollos y nativos que creían en la magia del vudú. Las niñas sentían especial afecto por una criada negra que tenía fe ciega en este culto. Atraídas por sus narraciones, decidieron visitar a una hechicera vudú que poseía mucha fama entre los nativos. Se llamaba Eufemia David, y dicen que guardaba el secreto de la vida. Además, podía leer el presente, pasado y futuro de las personas. Las niñas invadidas por cierto temor, y a su vez, llenas de la más tremenda curiosidad, dejaron que Eufemia les contara lo que veía en sus prediciones. Primero, se dirigió a Josefina, y entre otras cosas, le dijo que llegaría a ser más que reina. Luego, se fijo en Aimée, y con voz profunda la avisó: “Tu tutor, niña, te enviará a Europa para que prosigas con tu educación. Tu barco será capturado por piratas, te apresarán, y te encerrarán con otras mujeres. Tendrás un hijo que reinará gloriosamente, y tus deseos serán complacidos por esclavos. Aunque, no gozarás de honor público ni de gloria.”

Las muchachas se miraron divertidas, y no dieron la más mínima importancia a las premoniciones de la criolla. En cambio, una cosa era cierta. En breve, Aimée iba a partir al continente para proseguir con sus estudios. Su padre había fallecido, y su tío y tutor, como era de costumbre, la enviaría para que estudiara secundaria en Francia.

En 1784, cuando regresaba de Nantes, el barco en el que viajaba tuvo muchos problemas. Una tormenta se les echó encima, y el capitán fue incapaz de controlar el navío. El buque final y fatalmente se hundió. Prácticamente, todos murieron ahogados.

Las noticias que llegaron a la Martinica eran que no se había encontrado a nadie con vida. La familia “Du Buc” dio por zanjado el desastre marítimo, y oficialmente no se supo más de la joven Aimée.


Sin embargo, existe otra versión, que algunos envuelven con el velo de la leyenda. Por lo visto, la providencia quiso que un barco argelino estuviese cerca del desastre, y rescatara a unos pocos supervivientes, náufragos, que luchaban contra las grandes olas. Todos se mostraron agradecidos por su suerte, entre ellos Aimée, que no dejaba de recordar la predicción hecha por la extraña hechicera. Tras recobrar el aliento, se percataron que los buenos samaritanos no eran otros sino corsarios berberiscos, que a buen seguro pedirían un rescate por ellos, o los venderían para sacar algún dinero en Argel. La joven francesa tenía apenas trece años, era rubia, de complexión delgada, con una piel blanca y sedosa. Los piratas se fijaron enseguida en ella. Conocían los gustos del sultán Abd-ul-Hamid I por las vírgenes, y pensaron que apreciaría mucho un regalo tan especial.


Dicho y hecho, a su llegada a Constantinopla, fue entregada al sultán otomano, y entró a formar parte de su harén. En dicho harén, las mujeres sólo podían salir ocasionalmente de palacio, cubiertas por un velo, y acompañadas por alguien de confianza del sultán. A cambio, disfrutaban de estancias especiales solamente para ellas. Tenían a su disposición pequeñas mezquitas, bibliotecas, dormitorios, salas de música y costura, baños turcos, o cocina… todo con su correspondiente servidumbre. La entrada sin el permiso del sultán, estaba totalmente prohibida, y quien osase no cumplir la orden era ejecutado. Igual suerte corría quien fuera pillado in fraganti intentando penetrar en las estancias vedadas.


Aimée quedó desolada, apartada de su familia, en un país extranjero con costumbres distintas a las que ella conocía, y a merced de los caprichos de un hombre 46 años mayor que ella. Sólo halló consuelo en la madre de Selim, sobrino de Abd-ul-Hamid, que la trató como si fuera hija suya.


Poco a poco, Abdul se fue enamorando de la joven. La convirtió en su cuarta esposa, y cuando en 1785 tuvo a su hijo Mahmoud, la elevó a la categoría de esposa favorita o Valide. Aimée se convirtió al Islam, y pasó a llamarse Nakshidil, que significa “Huella del Corazón”


En 1789, el sultán Abd-ul-Hamid, fallecería. La lucha por hacerse con el poder otomano no tuvo cuartel. En liza, se situaban los que estaban a favor de Mustafá, hijo del sultán fallecido, y los que preferían que fuese Selim el nuevo líder turco.

Al final, asumió el imperio otomano Selim III, y Nakshidil se convirtió en su nueva esposa. Con su carácter afable y cariñoso, influirá primero en su esposo, y más tarde en su hijo, para que se occidentalizaran un tanto. Conseguirá, con mucha paciencia, que se apruebe la libertad de culto; que las mujeres del harén puedan acceder al mundo de la moda; y que no se las trate sólo como objetos, sino que se las respete como personas.


Selim III fue depuesto tras una revuelta de los jenízaros, y asumió el poder Mustafá IV, primo hermano del anterior, al que sin pensarlo dos veces mandó ejecutar. La orden también incluía a su hermanastro Mahmoud, de esa forma pretendía eliminar a otros posibles herederos legítimos.

En cambio, a Mustafá no le salió bien la jugada. Sus antiguos aliados jenízaros le dieron muerte, y el que tomó las riendas del imperio de Constantinopla fue Mahmoud II, hijo de Nakshidil. Seguramente, influído por su madre, el nuevo sultán modificó la administración y el ejército, fijándose en el estilo occidental. Mandó ejecutar a los traidores jenízaros que no eran de fiar, y aunque al principio era proclive a los intereses franceses, mas tarde, en 1810, se alió con Rusia en detrimento de Francia.


Lo curioso del caso es que este drástico cambio de política coincidió cuando Napoleón se divorcio de Josefina, supuesta prima de la madre del sultán.


Algunos historiadores creen ver en esta modificación de actitud, una pequeña venganza de la sultana madre hacia el flamante emperador francés por apartar de su lado a su querida prima. Otros, en cambio, afirman que no eran familia, sino amigas de la infancia.


El 10 de noviembre de 1817, la sultana moría tras una larga y agónica enfermedad. La peste se había apoderado de su frágil cuerpo, fallecería en el Palacio Topkapi, residencia imperial turca. Habían pasado 33 años desde su llegada a territorio otomano, y en esos momentos contemplaba a su hijo al frente del imperio, comprendía que su cautiverio había merecido la pena.


Esta parte de la vida de Aimée Du Buc de Rivery, que algunos la tildan de leyenda, se puede conocer gracias a los mensajeros que Francia enviaba con periodicidad a la corte de Constantinopla, mientras fueron aliados.


Por otra parte, la familia “Du Buc”, no terminaba de confirmar que la sultana extranjera de origen francés que se hallaba en Estambul, fuese la desaparecida Aimée, dando respuestas ambiguas. No se sabe si dicha actitud era por vergüenza al haberla abandonado a su suerte, o porque realmente rechazaban semejante teoría.

Ahora, en cambio, parece que quieren reconocer el mérito de su antigua pariente, y han abierto sus archivos familiares para que la verdad prevalezca sobre la inusual aventura de su hija pródiga.


Recientemente, ha visto la luz un libro titulado “La Princesa Olvidada” cuyo subtítulo “Historia de La Martinica: Aimée Du Buc de Rivery, Princesa Sultana de Turquía” no dejan lugar a dudas. Y por eso, para que no siga en el olvido, hoy, en este desfiladero, hemos querido conocer su increíble historia. La historia de una superviviente nata.

lunes, 16 de agosto de 2010

DALE, DALE... A VER QUE PASA.



Bajo ese cielo de Luna llena Avellanedense, donde lo maravilloso tuvo lugar y el baile, antaño, a ritmo de orquesta cubría el gran salón de la festividad. Donde el sueño no acaba nunca si uno no deja de creer en lo factible que pueda ser.

Bajo Nueve Reinas que gobernaron todos mis sentidos, atrapados por ese sin fin de enredos agradables, trazados con una maestría absoluta por dos pícaros evasivos.

Bajo esa Novia olvidadiza que volvió a lucir engalanada, para enseñarnos la vida desde otro punto de vista. Donde el hombre que parece el más magnánimo del mundo tiene aparición.
Donde ese protagonista volvió a enloquecerme, a provocar que de mi boca saliera otro grito aclamando su extraordinaria capacidad para embaucar.

Bajo la ira de un Niño, donde los siete capitales se concentran en un ser tan pequeño que maduró de forma temprana e incorregible.

Bajo una dictadura militar convertida en Kamchatka, y reflejada en los ojos de un crío que se vería obligado a jugar al afamado escondite.

Bajo una artimaña de Aura lobezna, donde gana el que otorga, y el que otorga lo hizo callando. En una esfera psíquica que recrea toda forma de conciencia humana, donde las obsesiones desequilibran la balanza, y los planos nunca podrán ser trazados a la perfección endiosada.


Bajo unos Ojos que guardan el mayor Secreto de unas vidas condenadas a entenderse. Donde todas las inmundicias del ser humano se encuentran concentradas en un cónclave inaudito. Y una persona cansada de esperar y no hacer nada…

El cine argentino llamó a mi puerta de forma necesaria e irremediable…
Allá los filmes se entienden, se visionan, se realizan, se quieren, se comentan, se leen, se escriben, se admiran, se filman desde otra perspectiva totalmente ajena a lo que conocemos, y es ahí lo enamoradizo del viaje.

El contemplar su filosofía, su forma de amar, convertida en pasión exacerbada. Su temple para dialogar, su capacidad para oír y escuchar, su acento embaucador, igual de tramposo que de adorable, nos transporta a un viaje por La Plata del que deseas nunca volver. Todo pasa en esos instantes, tu vida real es aparcada durante esas horas. No piensas en nada mas que en lo verdaderamente importante que visionas.

Decía un taxista bonaerense, que allá siempre van a saber ponerle la sonrisa a las tempestades, saldra´n del quilombo, pues siempre merodean alguna que otra tormenta por los albores de La Plata. Cuando no es una desgracia es la otra, y así todo queda en un círculo inacabado de sucesos inverosímiles, que rozan casi siempre la más tremenda y gamberra poca vergüenza.

Con el cine argentino me hice hombre. Con ello aprendí infinidades de conocimientos obsoletos hasta entonces. Maduré con “Nueve Reinas”; me conmoví con “El Niño que gritaba puta”; me emocioné con “El Hijo de la Novia”; me exalté con la “Luna de Avellaneda”; baile´ con lobos, y sufrí la mas excitantes de las intrigas con “El Aura”; Lloré con “Kamchatka”; y me maravillé, loco, con “El Secreto de sus Ojos” Transportándome a ese limbo deseado cada vez que dispones de una obra maestra, ante una atenta mirada deseosa de encontrarse con secuencias que siembren el rubor, provocado por una sonrisa tonta incapaz de despojarse del rostro.


Pudiendo remarcar multitudes de obras maestras, me centraré en tales, que en mi vida reciente y no tanto, me han marcado de una manera especial… Teniendo casi en su totalidad un mismo director y un actor por los que siento cierta preferencia desmedida en todos los sentidos. Por si los mas despistados no se han dado cuenta.

No es momento de seguir escribiendo, cállense, centren sus ojos, no pestañeen ni siquiera, escuchad… no oíd. No dejen que otro entretenimiento banal y nimio os aleje de acá. No dejen que el néctar de cualquier dulce o pasa rato os adultere vuestro sabor natural. No se pongan guantes, ni tengan miedo a tocar, palpen sin temblar… Y si no han visionado alguna y/o ninguna de ellas, ¡HACEDLO YA! y dejarse de “pelotudeces”.