lunes, 1 de junio de 2009

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA.


He visto a hombres como castillos llorar esta noche por su Betis. A aficionados con la cara desencajada rotos por el dolor del descenso y deshechos por el sentimiento de impotencia con el que han asistido a la tragedia protagonizada por su equipo. Todos ellos sospechaban que la debacle se podía producir. Coincidían en que, tras cuatro lamentables años repitiendo una y otra vez los mismos errores, la cosa terminaría así algún día. Pero el hecho de que esto era algo que se veía venir no disminuye la dimensión de la catástrofe. Los dirigentes del Betis llevan muchos años demostrando que no están capacitados para plasmar sobre la hierba un proyecto ambicioso. Muchas temporadas evidenciando una falta total de conocimientos futbolísticos y deteriorando la imagen institucional de un club que ya ha superado los cien años de historia. Sólo era cuestión de tiempo que echaran al equipo a Segunda. Todos estos directivos, excepto el máximo responsable, han escuchado en el palco a cientos de personas pidiéndoles su marcha. Rogándoles que dejen paso a otros nuevos béticos con nuevas ideas y con ilusiones renovadas. Bastante daño han hecho ya convirtiéndose en cómplices y actuando con total connivencia bajo las órdenes de Lopera. Todos deben agachar la cabeza y marcharse porque ya nadie cree en ellos. Y Lopera debe reflexionar y entender que su presencia no se sostiene ni un minuto más al mando del club. Los resultados han determinado lo que veíamos venir desde lejos: que su forma de gestión está ya agotada en el fútbol actual. Si tanto quiere al Betis, que lo deje marchar.

A los béticos solo me sale felicitarlos de corazón. 56.000 almas han vuelto a demostrar que el amor a unos colores está muy por encima dela disconformidad con una directiva. Su actitud antes y durante el partido ha sido un ejemplo de amor hacia su club. Tranquilos, que hay béticos de sobra capacitados para elaborar un proyecto importante y devolver al Betis donde semerece. Hay que lamerse las heridas y empezar a trabajar en el regreso a Primera. Todo ello, si los artífices de esta tragedia dejan paso de una vez, que bastante han hecho ya.


ANDRÉS OCAÑA. Buen periodista y mejor persona.

¡BETIS, BETIS, BETIS!

La fuente ha destrozado el cántaro para que los más incrédulos descubran de una vez por todas que el Betis está secuestrado. Cuatro años de penurias con cuarenta mil en la grada. Qué vergüenza. Y las aguas del manantial verdiblanco en el fondo del pozo. Este Betis maniatado, manipulado, manoseado y desbaratado es un pelele en manos de un truhán que se ha quedado sin arropía. Éste no es nuestro Betis del descenso del 89, el de Romo y Recha, el de Calderé y el Pato Yáñez. Este Betis es un nombre esquilmado al pueblo. Aquel de Chano y Gail nos dolía porque se había construido con nuestras fatigas. Este nos duele porque nos lo han robado. Aquel Betis de Rubén Bilbao y López Ufarte, el de los últimos coletazos de Poli Rincón, era nuestro porque estaba hecho con lo nuestro. Pero este Betis que no han sido capaces de rescatar ni Finidi, ni Alfonso, ni Edu, ni Oliveira, éste que se ha ido dos veces a Segunda mientras su dueño, el que nos lo arrebató, se vanagloria de haber sido el mejor presidente de la historia, este Betis no está en nuestras manos. Nosotros hemos hecho siempre lo correcto. Hemos enarbolado el «manque pierda» cuando no había más que tortillas de papas y filetes empanados.

Pusimos bocabajo el Villamarín cuando Mel le metió el gol de la gloria al Sabadell. Llenamos el estadio un miércoles para jugar contra el Marbella. Atascamos la carretera de Burgos en el primer edén al que nos llevó el oligarca. Y abarrotamos Jaén cuando Luis del Sol nos alumbró el camino de la elite por última vez. Pero nuestro aliento no es suficiente porque este Betis hace tiempo que se divorció de nosotros. Se lo llevó a la remanguillé un engatusador que presume de haber salvado a un equipo que él mismo condujo hasta los pies del ciprés. No, béticos, no os sintáis culpables de nada. Gritad el lema de Oselito: «Y si pierde: ¡Betis, Betis, Betis!». Pero sabed que ese Betis al que aclamáis no es el que véis arrastrarse ahora. Si las mieles de la Copa, el nombre del estadio y los fichajes multimillonarios son del engaitador, el fracaso también es exclusivamente suyo. Vuestro Betis, el mío, el único Betis verdadero, está hibernando en algún rincón de nuestras memorias esperando su momento para salir del letargo. El de ayer, el que «salvó» el señor de las tinieblas en 1992, es un impostor.

El Betis de Manuel Ruiz de Lópera y Ávalos es un tejemaneje suyo que nada tiene que ver con el Real Betis Balompié. Por eso, béticos del alma, clamad ahora más que nunca en loor de nuestras trece barras. Porque somos nosotros quienes hemos de convocar la pacífica sublevación de nuestros gritos para recuperar lo que nos han arrebatado. Tarde o temprano, beticismo, se acabará este tiempo de patrañas con las que nos obnubiló un mercachifle para quien pido salud y justicia. Entretanto, vamos a cantar como siempre nuestros vítores y a dejar que el tiempo ponga a cada uno en su sitio. ¡Musho Betis!

ALBERTO GARCÍA REYES.


¿QUÉ TE HAN HECHO BETIS?

A los que digan, Betis, que descendiste ayer, escúpeles a la cara y diles que es mentira, que sólo te fuiste a dormir definitivamente a la categoría maldita porque desde la temporada 2005-06 ya hay uñas tuyas en las paredes del pozo. ¿Te acuerdas? La anterior campaña habías sido el primer equipo andaluz en esculpir su nombre en la Liga de Campeones y un tipo de ley, Lorenzo Serra Ferrer, luchaba por hacer el Betis más fuerte de la historia. Era el momento de hacerte sólido, de dejar de alicatar la fachada, como los horteras, y ahorrar en ella para hacer un interior sobrio, para forjar un banquillo que supusiese competencia a las estrellas del césped, para reforzar un equipo que no luciera por once sino que doblara la rodilla de los rivales, fuesen quienes fuesen, gracias a los veinticinco de la plantilla.

Se acoquinó. Tu número uno, tantas veces valiente, se encogió. El momento clamaba por la figura de un emprendedor con agallas, pero en el momento justo se encontró con alguien tan sólo preocupado en hacer caja. No hizo caso a quien sabía, un mallorquín que al tragar cavó su fosa, y aquella temporada en la que se tuteó al Chelsea en un partido de escándalo al final de La Palmera y en la que te dejaste pisotear, Betis, por los parias de la Liga, el que manda, el tenedor y el cuchillo, puso la primera tabla de un cadalso en el que acabaste inmolándote. Porque han sido cuatro campañas, cuatro, Betis, subiéndote a la silla, poniéndote la soga la cuello, dándole una patada al espaldar y quedándote colgado hasta que tu gente, que nunca falla, te rescataba justo antes de expirar. Cuatro años igual: un máximo accionista fichando a través de representantes sin escrúpulos, un director deportivo mantenido fracaso tras fracaso porque servía de parachoques al poder, un presidente marioneta al que sus propios compañeros ninguneaban, un consejo de administración huero que no servía ni para figurar y una plantilla tan descompensada que iba dando tumbos hasta que se despeñó, qué pena Betis, que ya es tan pasado como lacerante presente, el 31 de mayo de 2009.

Ayer, Betis, todos hicieron su trabajo menos los que dicen defender tu escudo. Manda cojinetes, Betis, que sólo cuatro supuestos de 81 te mandaran a Segunda y que durante media hora incluso sobraran tres. El Osasuna remontó a un Real Madrid de coña, el Getafe no se dejó arrastrar por el rencor del Racing, el Sporting tuvo riñones y de lo que cuelga para superar la embestida de un Recreativo más bravo y andaluz que nunca y el Valladolid, tu rival, unas veces apoyado en su sudor, otras en la suerte, siempre en la fe, supo escribir su destino, el mismo que a ti te puso en el infierno.

Y ahora qué, preguntarás. Tú, que en la televisión me dejaste ver un dedo índice puro hueso, que uña y carne sólo duraron veinte minutos; o tú, que llorabas mucho antes de que el descuento se transformara en viático; o tú, al que sólo te faltaba un piercing verde en el alma para que San Pedro no se confundiera de aparcamiento si el corazón maltrecho te mandaba al paraíso. Ahora, qué, bético. ¿Más de lo mismo? ¿Más golpes en el pecho? ¿Más jeques de pacotilla? ¿Más bsport paseándose por el Postigo? ¿Más sumarios en los juzgados? ¿Más luchas intestinas por las migajas de un poder desfasado? ¿Más gestión de mercería en un mundo superprofesionalizado y multimillonario? Tú dirás, pero que sepas que sin poder no eres nada, sólo el garante de una llama, la verdiblanca. Y esta no necesita de un abono para arder.

Publicaban los compañeros de muchodeporte.comque Manuel Ruiz de Lopera, en la visita que hizo a su gente al viernes en Montecastillo, ofreció quince mil euros por barba al plantel por la victoria ante el Valladolid. Nadie lo ha desmentido. Nadie ha publicado tampoco que yo sepa, que alguno de los capitanes del Real Betis diera un paso adelante en la citada reunión y se negara a aceptar la oferta del máximo accionista apelando a que si eran ellos los que habían llevado al equipo a esa situación, ellos tenían que salvarla por pura profesionalidad. El extra era una falta de respeto. Perdieron una magnífica oportunidad ese día. En el campo, ayer, también. Los estimulara o no el dinero, está claro que el talento no se deja sobornar. Si no se tiene, no hay billetes que valgan. Pasó en el Ruiz de Lopera y en El Sardinero cántabro, con un Racing que de tantas primas como tenía en el bolsillo no podía ni moverse. Por mucho que sea el enfado y la indignación, no hay excusa alguna para la violencia. Quien en ella se ampara no puede nunca tener la razón. Ayer, hoy ni mañana. Nunca.

FRANCISCO PÉREZ.


AJUSTANDO CUENTAS.

Llegó. Ya está aquí. Tantos años amagando el drama, tanto tiempo preparándose para lo peor que cuando aparece no hay manera de asimilarlo. El Betis se ha convertido durante demasiadas temporadas en un concurso en el que los índices señalaban el culpable. No soy yo, es él. Y él acusaba a aquel. Y así. No hay ningún culpable porque en realidad todos lo son. El caso es que el que lo sufre todo, el Betis, está en Segunda. La estructura piramidal del Betis indica que el principal acusado del desastre debe ser Lopera. Él lo decide todo. Si paseaba la Copa en 2005 como si hubiera marcado el tanto de Dani ahora no debe sorprenderle el análisis que lo sitúa en la pira expiatoria. Urge un cambio de modelo. Sí puso al entrenador que quería todo el mundo, sí fichó bien, pero el club invita al desasosiego, a la relajación, al desorden y eso está en su debe. Tantos fichajes que han perdido valor, tanto fomento de la desunión, tantos vericuetos jurídicos, tanto personalismo y falta de autocrítica. No ha conseguido el récord de tiempo seguido en Primera, sino que ha devuelto la mayor distancia con el eterno rival: uno en la Liga de Campeones y otro en Segunda.

Los jugadores tienen su punto y aparte. Plantilla sobrevalorada, bien y puntualmente pagada, conformista y acomodada. Sólo reaccionó a impulsos y sacrificó a entrenadores y entrenadores hasta consumar el desastre. En su desidia está parte del mal. La renovación será obligada pero está por ver el precio. El adiós de Juanito y Edu no puede ser más triste e indigno. Los técnicos también tienen su culpa. En mayor medida Chaparro, a quien tampoco habría que echar de menos ahora. ¿La víctima? El Betis.

MATEO GONZÁLEZ.

PS:Lo siento pongo las palabras en boca de otros, porque no tengo palabras ni letras propias para escribir absolutamente nada. Yo nunca te he fallado, ¿y tú?.

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