jueves, 2 de julio de 2009

ONCE UPON A TIME IN THE WEST



Antes de nada, me gustaría decir que no hemos cerrado por vacaciones, pero si he de reconocer que no he tenido mucho tiempo para dedicaros, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.... en fin serafín, corre más el galgo que el mastín, pero si el camino es largo corre más el mastín que el galgo. No obstante los dos corren bastante.

Tampoco sabía que escribir, así que para ser muy original os dedico otro mítico film, en este caso uno de mis favoritos: Once Upon a Time in the West.

Hasta que llegó su hora, es un largometraje de aquella reencarnación de John Ford, que nos encandiló con sus spaghetti-western protagonizados por Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Eli Wallach y Gian María Volonté. En efecto amigos, hablamos de Sergio Leone, pero no nos referimos a los actores anteriores. Hoy voy ha hablaros de otra película distinta, que aunque está encasillada en esos tipos de western, para mí es completamente atípica a el bueno el feo y el malo, la muerte tenía un precio o por un puñado de dólares. Se nota la sombra de Bertolucci-Argento en el guión aunque Leone lo adapta todo a su genial forma de hacer buen cine.

El primer cambio lo encontramos en la nueva remesa de actores, no peor que las otras, para mi gusto, hablamos de Henry fonda y Charles Bronson.
Leone plasma meticulosamente cada toma, lo hace con una delicadeza sutil que no había observado antes en él. Formaliza todos los aspectos puramente fílmicos y cuida al máximo todos los detalles, hasta el punto que sus personajes parecen joyas perfectas que nos revelan todas sus inquietudes con solo visionar sus miradas. El mítico Sergio encima se regocija en dicha perfección, exprimiéndola al máximo, de ahí el ritmo pausado del film. Aquí sobran las palabras, la fotografía es magnífica y la ambientación de los escenarios es completamente redonda.
La historia nos engancha de una manera estrepitosa, por la garra de los personajes, por su fuerza narrativa y por la incertidumbre que nos invade en casi las tres cortas horas que dura el largo.

En lo que respecta a los personajes, no hay mucho que decir de Henry Fonda, el malvado “Frank”, que nos dedica una actuación asombrosa y admirable, una sonrisa tierna pero a la vez sádica, llegando a proporcionarnos una figura ególatra, déspota, pero con pánico e inquietud a sucumbir o ser derrocado, por ello resuelve sus contiendas de manera tan drástica, sin posibilidad a la revocación.
Hay quien dice que el papel que desempeña Charles Bronson, la armónica, debería haber sido para Eastwood, pero yo no estoy de acuerdo con ello, pienso que este papel era para una mirada más lobezna, dura, pero a la vez sensitiva, cálida y con más nostalgia que el gran Clint. “El armónica” nos muestra la sobriedad en persona, la serenidad, paciencia, seguridad y armonía propia de los buenos de Leone, pero con ese punto que le otorga la sabiduría de Bronson, con respecto a la todavía inmadurez, pero no por ello peor, de Rubio o el manco con Eastwood.
Nunca hubo tampoco una figura tan erótica como la de Claudia Cardinale. Esta hermosa actriz nos enamora y cautiva desde que se encuentra perdida tras bajar de su tren procedente de New Horleans. Nunca un sudor y una mirada destilaron tanta sensualidad.
Por último, el gran tapado de esta película, el mejor papel secundario que ha habido en un western, el de Jason Robards, “Cheyenne” y mejor aún la melodía que le otorga Ennio cada vez que aparece en escena, como ya hizo con Cleef en la muerte tenía un precio y con los tres personajes de Il buono, il brutto, il cattivo. Este personaje con gran carisma y bondad, le pone el toque de humor que tanto urge a estos largos tan violentos y firmes.
Tampoco puedo olvidarme de Gabriele Ferzetti, galán de galanes en sus años mozos, aquí en admirable interpretación, se encuentra metido en un personaje sumamente interesante, cuyo tortuoso estado físico parece admirable y a su vez casi patético.

En definitiva, si no habéis visto Once Upon a Time in the West, no sabéis nada de los spaghetti-western y de las maravillosas sinfonías de Ennio Morricone, que vuelve a demostrarnos todo su talento para hacer buena música y melodía. Para el recuerdo las conversaciones de Jason con Claudia y de Fonda con Ferzetti y por supuesto esas miradas perdidas de Bronson mientras toca la armónica misteriosa. No temáis al tildarla de obra maestra, que no os engañen aquellos cinéfilos que siguen empecinados en que los western no pueden serlo, y sin embargo son la esencia del cine más puro y de brillantes actuaciones en todos los sentidos.

OYE ARMÓNICA, CUANDO TE TOQUE A TI, REZA PORQUE SEA ALGUIEN QUE SEPA DONDE DISPARAR.


PS: en mi próxima intervención os mostraré como dos chicas tocan el saxo y el contrabajo, creo que se llaman Geraldine y Josephine, no mentira, Geraldine y Daphne. ¿Alguien adivina?, saludos.

Así comienza el film, grandísima escena y corto diálogo ("tranquis" que a Bronson le dan sólo en el brazo). Esto ya va prometiendo.



Aquí os dejo unas imagenes de la película con la banda sonora de Morricone, maravilloso.

3 comentarios:

  1. Cuatro,
    tres,
    dos,
    uno.
    Escúchenme todos. Esto es una redada.
    Soy agente federal.
    Están todos arrestados.
    ¡Quiero otra taza de café!

    ¿Tengo premio o sigo rascando?

    Salud-os pecador por su culpa por su gran culpa...amén.

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  2. Acertastes, ya no tiene gracia. Aunque bueno, lo mismo os hablo de un submarino rosa, un coronel apuesto y un sargento de pacotilla. ¿Alguien da más?, adivina ahora.

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  3. Esa la he visto esa la he visto Operación pacífico jejejejejeje

    Ahora por lo menos un ferrari, ¿eh?

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